Axél Waldemar Gallen es un pintor finlandés que como su contemporáneo compatriota, colega y amigo Albert Edelfelt, vivió el cambio de una nación bajo el dominio del Imperio Ruso, Gran Ducado de Finlandia se llamó hasta la Revolución Rusa, y el nacimiento de la nueva República de Finlandia. Como Edelfelt, tenia raíces suecas y cambió su nombre para darle un carácter más finlandés, Akseli Gallen-Kallela es el nombre elegido.

Su técnica varia al paso de los años, empieza con un Realismo académico para entrar a los terrenos del Simbolismo, el Naturalismo y el Expresionismo.

Ese amor por su patria sometida y por las ganas de conservar sus tradiciones lo lleva a formar el Grupo del Karelianismo que juntó a varias personalidades finesas en torno al poema épico “Kalevala”, que es recopilado del folklore de esa región de Karelia.

Era un lugar que había mantenido vivas las tradiciones finlandesas durante la ocupación sueca, por casi setecientos años y luego la rusa por poco más de cien, complicado este nacionalismo si lo contextualizamos hoy.

Los países latinoamericanos, como tales, apenas tienen quinientos años de vida con casi doscientos de ellos viviendo independientemente, esto nos hace recapacitar en el largo periodo de tiempo transcurrido para formar una República independiente, y autónoma, y la cantidad de gente que jamás vivió esto.

Después de casi un milenio puede ser terriblemente complicado conocer las raíces propias, pero esta en la voluntad de los individuos no perderlas y asumirlas.

El “Tríptico de Ayno” es un ejemplo de esta búsqueda nacionalista, de mitología e historia, cargado de romanticismo y simbolismo.

Otro ejemplo de este rescate de leyendas de la mitología finlandesa se encuentra en la serie de cuadros con la temática del Sampo, que es un Molino que produce, además de grano y sal, oro. En el Kalevala, su heroe Ilmarinen logra construir en su forja el eje central del molino, que simboliza la columna vertebral donde descansa el mundo.

Con “La conquista de Sampo” vemos el tratamiento del tema nuevamente recreado.

Este nacionalismo, sin embargo, no impide que vea y pinte otras ciudades más cosmopolitas y divertidas, como París.

Es en París, donde pinta: “Démasquée”, desenmascarada, en 1888. Este cuadro exige un momento de reflexión; la modelo se sienta sobre un tejido finlandés que se llama “ryijy”, son alfombras, tapices o cobertores tradicionales que datan del siglo XVIII. Es en este contexto finlandés donde Gallen-Kallela sienta a su desnuda modelo parisina, modelo que tiene una expresión lúdica que juega con nosotros mostrando tanto su cuerpo como su actitud desenfadada y algo aburrida. En su rostro podemos ver las huellas de esa vida bohemia, con ojeras incluidas, que nos hacen pensar en el poco interés por maquillarse para ser retratada, quizás una mujer con ganas de ser “desenmascarada”, o una mujer ajena a restricciones estéticas que limiten su “yo”. Para mi este es el comienzo de una mirada expresionista en el pintor, mirada que años más tarde plasmaría con un estilo mas acorde a su nueva visión.

Gallen-Kallela pintó varios retratos, de gente de la alta sociedad finlandesa, artistas y amigos, pero es en los que trabaja con su familia en los que vemos una mayor pasión y dedicación. El retrato de su hermanastra Anna Slöör es uno de los mejores.

Anna era una asidua visitante de su casa en Kalela y es ahí donde la pintó frente a la puerta del comedor, con un modelo de bote colgado en la esquina superior.

“El Sauna” de 1889, es la representación de la vida cotidiana finlandesa, es retratar un acto tan natural de una forma poética y bella.


La muerte de su hija Impi Marjatta, en 1895, es el momento de sacar a flote toda esa rabia contenida, y llevarnos a escenas más violentas, tanto en su tema como en el tratamiento de su paleta, “La defensa del Sampo” puede considerarse un ejemplo de este planteamiento de rompimiento académico.


Con “El Fraticida” (1897) Gallen-Kallela pinta la Balada que cuenta la historia de un joven que mata a su hermano, es también la imagen de una madre con sentimientos encontrados, dividiendo su cariño y odio entre sus dos hijos.

Según palabras de Gallen-Kallela, “Empecé un pequeño cuadro que es tan simple y directo como una canción folklórica. Los colores son un rojo profundo, negro, amarillo verdoso y gris, con un par de retazos de un virulento verde y una llama amarilla como final. Todo es como música con color, en una llave menor, donde estos dos retazos son como cuerdas rotas, un llanto desesperado de dolor”.
El tratamiento de la paleta, simple y opaca (producto del uso de tempera) nos enlaza al mundo de los textiles finlandeses clásicos.

Sigue ese uso temático de amor materno con “Lemminkäinen’s Mother” (1897), es la historia del caprichoso Lemminkäinen que es rescatado del río de Tuonela, el río de la muerte, por su madre y traido a la vida con la ayuda de una pequeña abeja.
La escena muestra el instante cuando la madre saca del río a su hijo, pero todavía no es traído a la vida. El cuadro esta lleno de símbolos de muerte y señales de desesperación materna, como pueden ser el omnipresente color negro del río con un Cisne en él junto a los rayos dorados, las flores de la muerte, las rocas cubiertas con un rojo sangre y el cuerpo petrificado que evoca la mortalidad con un cadáver en el que se ven los huesos de su tórax. El “toque” de realismo lo crea el pintor usando su propia madre como modelo en la escena, la expresión de profunda tristeza la logró (según palabras del propio Gallen-Kallela) al decirle, a su madre, palabras melancólicas y agresivas para poder lograr la atmósfera adecuada.

“Tuonelan joella”, 1903, es otro ejemplo del uso de ese “río de la muerte” como tema de su obra. Destacan las expresiones de los diferentes cuerpos retratados, la determinación del hombre embarcándose a un futuro incierto, la mujer a su espalda gimiendo de tristeza e impotencia viéndolo partir, la niña afligida o la anciana tranquilizadora y complaciente, son rostros que reflejan maravillosamente un carácter individual.




La otra vez que el artista usa a Anna Slöör como modelo es en “Primavera” (1903), un boceto para un mural de mayores proporciones. Anna, nueve años mayor, es representada como una enigmática joven mujer, ensimismada en sus pensamientos mientras saborea la primera flor de la primavera en sus labios. Los hijos del artista Kirsti y Jorma miran detenidamente la llegada de la primavera, con una expresión llena de curiosidad en el otro extremo del cuadro.


La vida de Gallen-Kallela es una vida de un hombre de su tiempo, preocupado por sus raíces como por aprender y ver todo lo que lo rodeaba. Viajó por varios continentes incluidos África y América, donde pintó con su particular visión sus gentes minoritarias y olvidadas. Trabajó, además de sus pinturas, en frescos, esculturas, ilustraciones y textiles. Diseñó uniformes, banderas o anuncios publicitarios. Fue un artista “total”.


http://www.gallen-kallela.fi/english.html