Al hablar de pintores austriacos nos remitimos invariablemente a Egon Schiele y Gustav Klimt, tendiendo a dejar en el olvido a este “tercer” expresionista.

Llama la atención la fama que obtuvo, en sus comienzos, con sus retratos. Oskar Kokoschka es “el” expresionista austriaco, desde su inicio vemos esas figuras con coloridos fuertes, agresivos y transgresores, estilo que no transa en el eterno problema de los retratistas de agradar, en definitiva, al modelo que le paga por inmortalizarlo.

El solo hecho que esta elite vienesa, de principios del siglo XX, conservadora y poco dada apoyar cambios, confiara en el joven pintor, con ancestros checos, es algo para analizar.

El mundo del arte es un mundo temeroso y seguidor de modas; es un mundo que mira con ojos muy conservadores las nuevas tendencias que fluyen en su tiempo. Un ejemplo de esto es lo poco que vendieron pintores como Van Gogh o Gauguin, tan poco que sus vidas navegaron en torno a las penurias económicas todo el tiempo.

Este es un mundo que le gusta apostar sobre seguro, para ganar la lotería final que se traduce en comprar barato y vender caro.

Otros con una visión un poco más egocéntrica, apuestan a que su retrato cuelgue en algún Museo famoso, para tener al final una inmortalidad que traspasa la propia vida, ¿alguien se acordaría del Doctor Gachet sino fuera por Van Gogh? Con estas premisas, ¿cómo explicamos la entrada de un desconocido, joven e inmigrante Kokoschka a las mas altas esferas de la sociedad vienesa?

La respuesta esta detrás de la visión del famoso y modernista arquitecto austriaco Adolf Loos (1870-1933).

Loos el hombre que descubre y apuesta por el talento de Kokoschka, recomendándolo con sus amigos y clientes. Es tal la fama de Loos, en esa Viena de 1909, que el reconocimiento no tarda en llegar.

La fama llegó junto a una relación tormentosa con la pintora y compositora Alma Marie Schindler, tanto lo trastornó la mujer que al término de la relación mandó a fabricar una muñeca con las mismas medidas de ella.

Reconocimiento no exento de controversias, por supuesto. Arthur Roessler, periodista y crítico de arte, protector y mecenas de Egon Schiele, escribio en 1911 lo siguiente: “Elabora sus pinturas a partir de ponzoñosas putrefacciones, de los jugos fermentados de la enfermedad; rielan en ellas el amarillo de la bilis, el verde de la fiebre, el azul de la congelación y el rojo de la tisis, y las sustancias que las ligan parecen ser un penetrante yodoformo, el ácido fénico y la asafétida. Las aplica como un ungüento y las deja convertir en ampollas de sarna, en cicatrices. Pinta los semblantes de personas que se marchitan en el aire rancio de las oficinas, que codician el dinero, que se mecen a la espera de la felicidad y que se divierten groseramente. Pinta su piel sarnosa, su carne supurante y cocida por el calor interno, ablandada por la disipación y acosada por la enfermedad. Posiblemente, la torpe representación de la repugnante impureza de unos cuerpos enfermos, esponjosos y porosos, correosos y fofos, manchados y moteados, no es sino la expresión desesperada de un alma en atormentada desintegración que contempla el mundo a través de unos ojos petrificados. La depravación es el atractivo de estas pinturas. Tienen cierta importancia como manifestaciones de una época decadente; juzgadas artísticamente, son masacres”.

Años más tarde otros críticos de arte, los censores nazis, con tan buena vista como la de Roessler calificaron su obra como: “Arte Degenerado”, claro que nadie le pide a los nazis una visión artística de las cosas, talvez la mirada de Roesller fue un triste intento de “proteger” a Schiele, tratando de restarle meritos a Kokoschka.

Curiosamente el paso de los años nos demostró precisamente todo lo contrario; su obra es el reflejo de una época degenerada, con una sociedad degenerada. Los ojos de Kokoschka nos presentan esta visión, premonitoria, de una sociedad hipócrita que trató de distanciarse en la posguerra de las posiciones mantenidas durante el conflicto mundial, es decir el apoyo dado a Hitler.

La anticipación de Kokoschka queda de manifiesto en su pronta salida de Austria en 1938, un año antes del inicio de la segunda guerra mundial. Se traslada a Inglaterra donde realiza una obra contestataria, con una visión política e irónica del terror instalado en el “continente”.

Girando la atención del espectador a temas como los niños y su desvalidez e indefensión en un conflicto armado, por ejemplo en “Ayuda a los niños vascos” (1937), Kokoschka nos hace pensar que no sólo los militares mueren en las guerras. El sufrimiento llega a las ciudades, y su gente, como lo comprobaron años más tarde Londres, París y Berlín.


Esta manera radical de enfrentar la tela es la base de su perfección como artista, su manera de ver los sucesos históricos, en el momento que estos ocurren, son la base de su posición política.

Esta nueva manera de ver las formas, desde una perspectiva interior saltándose la obvia apariencia externa refleja la visión de un hombre adelantado a su tiempo.

Hombre que visualizó la esencia misma del objeto, expresando su forma y color de una manera innovadora y audaz.








Muy buena la página… me gustaría, y estaría bueno, si me mandan algunos cuadros a mi mail; tengo 16 años y estoy a punto de entrar a la universidad de Córdoba de arte y pintura.
Desde ya muchas gracias…. Saluda atentamente
Mariana Aguada Bertea
Hola Mariana,
Si vas a la parte de arriba de la página verás un listado de artistas, hoy son casi 50 autores con una media de 20 obras cada uno, nos deja un total de mil obras tremendamente originales, tienes harto para ver. A su vez, si te fijas en el blogroll de la derecha, hay links a varios Museos, Blogs, etc., que te enlazaran a obras y vidas de todo tipo de pintores, por ahí llegas al millón.
Espero los visites y veas la mayoría, un artista se hace aprendiendo la técnica y conociendo el legado y la historia de sus “colegas”.
Gracias por escribir y éxito en tu nueva carrera.
Muy buena la página con la obra de Kokoschka. Y muy linda la respuesta a la aspirante a artista. K es un pintor que descubrí hace muchos años en una librería. Es una pintura contundente, sin rodeos. La plástica gruesa y el desbordado color me dicen mucho, a mí, como colombiano. El poder de la arbitrariedad y de la violencia es mostrado a plenitud.
Gracias Gilberto por el comentario, sin duda se ve en su Obra una denuncia de las situaciones contingentes, como medio de protesta social.
Saludos.